La agricultura peruana, motor del desarrollo rural y de la seguridad alimentaria, se encuentra hoy ante un punto de quiebre. La persistencia de continuar con prácticas tradicionales, basadas en tecnología obsoleta y escasa planificación, conduce a rendimientos limitados, baja rentabilidad y alta vulnerabilidad climática. La transición hacia una agricultura moderna, rentable y sostenible requiere un enfoque más estratégico.
Este artículo propone un marco práctico para técnicos y agricultores, basado en tres pilares clave: el uso de genotipos mejorados, el manejo eficiente de la nutrición vegetal y la adopción del riego tecnificado. Estos principios son aplicables a cualquier cultivo que busque elevar su productividad en las condiciones reales del agro peruano y mundiales
En el Perú, tenemos agricultores que, durante décadas, se han dedicado a cultivar la tierra en forma manual, usando semillas (genoma) compradas al vecino o en la esquina, sin certificación, fertilizando (nutrición) según lo que permita el bolsillo. Estas semillas luego son regadas por gravedad, como es costumbre en el 93 % de las tierras irrigables del país. Asimismo, las malezas, plagas y enfermedades se controlan mediante secretos tradicionales y el uso de pesticidas prohibidos en el resto del mundo.
Estas prácticas distan mucho de la agricultura moderna y generan que se aproveche menos del 50 % del potencial productivo de los campos de cultivo. Para entender mejor esta situación, es importante conocer los cuatro niveles tecnológicos de la agricultura que existen en la actualidad:
No se trata de desterrar las costumbres tradicionales en la producción agropecuaria. Lo ideal es fusionarlas con la tecnología para mejorar la rentabilidad del agricultor. Se debe implementar la automatización y el acopio de datos que permitan formular mejores procesos productivos, tomando en cuenta también el impacto medioambiental.
Según información al 2015 de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés), la productividad agrícola depende de tres tipos de factores:
Figura 1. Pilares estratégicos que determinan la productividad.
Fuente: Desarrollado por el autor del artículo.
Si bien ningún agricultor puede modificar el clima, sí puede elegir el genotipo adecuado, optimizar la nutrición vegetal y asegurar el riego eficiente. Estos tres elementos son fundamentales para lograr rendimientos altos, constantes y sostenibles.
El material genético (semilla o planta) determina el techo productivo, la resistencia a enfermedades, la tolerancia climática y la calidad del producto. No todos los genotipos son adecuados para todas las zonas: la elección del genotipo adecuado puede marcar la diferencia entre una buena cosecha y el fracaso.
Este planteamiento se aplica por igual a todos los cultivos (157 registrados en el Perú). Sin un genotipo adaptado a las condiciones locales, cualquier inversión posterior en nutrición o riego será ineficiente. Es fundamental trabajar con catálogos oficiales, viveros certificados y resultados de investigación local. Debe evitarse el uso de semillas sin trazabilidad genética, como las obtenidas de manera informal. Según el ENA. 2023, sólo el 15% de los agricultores peruanos utilizan semillas certificadas.
Una nutrición adecuada permite aprovechar el máximo potencial del cultivo. Ello implica:
Este principio se aplica a toda la agricultura. Sin una nutrición bien gestionada, incluso los suelos considerados buenos pierden productividad con el tiempo. Los fertilizantes deben verse como una inversión, no como un gasto. Es clave incorporar planes nutricionales específicos por cultivo y región, y capacitarse en técnicas como la fertilización fraccionada. Según el ENA. 2023, aproximadamente el 60% de los agricultores peruanos utilizan fertilizantes de alguna manera.
El agua es el recurso más limitante en la agricultura. Con el cambio climático, depender solo de la lluvia implica un alto riesgo. El riego tecnificado (goteo o aspersión) permite usar menos agua con mayor eficiencia, evitar el estrés hídrico, aplicar fertilizantes disueltos mediante fertirriego y estabilizar cosechas, incluso, en años secos.
Los productores peruanos que migraron del riego tradicional al goteo lograron duplicar su producción. El acceso controlado al agua mejoró la floración, el tamaño del fruto y la sanidad del cultivo. Este sistema es aplicable a hortalizas, frutas, cereales o pastos, donde existe riego tecnificado, siempre habrá más productividad y menos riesgo. En 2023, la superficie agrícola con riego tecnificado en Perú alcanzó el 15.8%, según datos del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI).
Cuando los tres pilares antes mencionados se gestionan de forma coordinada, su impacto no es lineal, sino multiplicador. El genotipo define el potencial, la nutrición permite expresarlo y el riego lo sostiene en el tiempo.
Figura 2. Integración de los tres pilares que determinan la productividad.
Fuente: Desarrollado por el autor del artículo.
Un agricultor con buenas semillas, pero sin agua, no puede cosechar. Uno con agua, pero sin genética ni fertilización, tampoco obtendrá buenos resultados. Solo la combinación inteligente y estratégica de estos factores permite alcanzar rendimientos superiores, reducir pérdidas y competir en el mercado.
La transformación agrícola no es una utopía. Es una realidad en diversas regiones del mundo que enfrentaron limitaciones similares a las del agro peruano —fragmentación de la tierra, baja tecnología, escasa asistencia técnica— y lograron dar un salto cualitativo mediante la aplicación de principios estratégicos como los propuestos a continuación.
Hace una década, el arándano era casi inexistente en el agro peruano. Hoy, gracias a una estrategia basada en genotipos adaptados (Biloxi y Ventura), nutrición vegetal precisa y riego por goteo con fertirriego, se alcanzan hasta 25 t/ha en zonas áridas. Como resultado, se obtienen frutas con calidad de exportación.
Esta integración también permitió cultivar arándanos en suelos pobres, reducir los ciclos productivos y abastecer mercados como EE. UU., China y Europa. Así, el Perú logró posicionarse como el segundo exportador mundial de esta fruta. La lección final es que no se trata de copiar modelos, sino de adaptarlos al contexto local con apoyo técnico y visión estratégica.
El Perú no necesita reinventar la agricultura, sino aplicar con inteligencia lo que ya funcionó en otras regiones: elegir genotipos adecuados, nutrir técnicamente el suelo y regar con eficiencia. Estos principios no son teóricos, pues ya generan un impacto positivo donde se aplican, como en los frutales del norte chico, las hortalizas de Ica o las pasturas tecnificadas de la sierra.
El futuro de la agricultura peruana no se construye con más tierra ni más agua, sino con más estrategia, tecnología y conocimiento. Los tres pilares estratégicos (genotipo, nutrición vegetal y riego tecnificado) son esenciales para lograr un agro moderno, rentable y sostenible.
No se trata de realizar grandes inversiones, sino de tomar decisiones técnicas más inteligentes. El agricultor que persista con prácticas del siglo pasado está condenado a la subsistencia o al abandono del campo. Por el contrario, quien incorpore estos pilares estará mejor preparado para adaptarse, crecer y competir. El cambio está en nuestras manos. ¿Qué prácticas aplicas en los cultivos de tu empresa? Cuéntanos tu experiencia.
Referencias
El Perú no necesita reinventar la agricultura, sino aplicar con inteligencia lo que ya funcionó en otras regiones: elegir genotipos adecuados, nutrir técnicamente el suelo y regar con eficiencia.
Ingeniero Agrónomo, MBA por ESAN y Doctor en Estrategia y Desarrollo (CAEN). Con más de 35 años de experiencia, es líder en planificación estratégica, agronegocios y sostenibilidad. Es creador del Modelo Estratégico de Rentabilidad Agrícola (MERA), con impacto internacional. Como docente e investigador en la Universidad ESAN, promueve la formación de líderes con visión integral, impulsa la innovación en cadenas de valor rurales y fortalece la vinculación universidad-sector productivo, posicionando a ESAN como referente académico en la transformación del agro peruano y latinoamericano.
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