
El modelo de madurez es el grado en el que una compañía asimila o integra buenas prácticas en lo que respecta a la dirección de diversos programas o proyectos. Comprende diversos factores, como herramientas de medición, criterios de evaluación, entre otros. Además, es muy utilizado para realizar y refinar los procesos de desarrollo de software.
Mediante este modelo, se pueden analizar todas las competencias en cuanto a dirección de proyectos, para luego compararlas con estándares nacionales o internacionales. De esta comparación se puede establecer qué es lo que se necesita cambiar o mejorar.
El CMM describe un marco teórico de cinco niveles de procesos cada vez más organizados y sistemáticamente más maduros. Así lo indica Fernando Casafranca, docente del área de Tecnologías de la Información de ESAN. De este modo, la clave es identificar estos niveles, lo que a su vez permitirá señalar en cuál de ellos se encuentra una empresa.
Nivel inicial: los procesos son desorganizados e incluso pueden llegar a ser caóticos.
Nivel repetible: se basa en técnicas básicas de gestión de proyectos. Los procesos están definidos y documentados.
Nivel definido: la compañía tiene su propio proceso de software estándar y cuenta con mayor atención a la documentación, integración y estandarización.
Nivel administrado: la empresa monitorea y gestiona sus propios procesos gracias a la recolección y análisis de datos.
Nivel de optimización: los procesos se mejoran de manera constante mediante la supervisión de los procedimientos actuales y la introducción de procesos innovadores.
Al conocer las características de cada uno de estos niveles, es posible identificar cuáles corresponden al modelo actual de la organización. Lo ideal es ubicarse entre los últimos niveles, pues esto significará la madurez de la gestión de cada proyecto y que las prácticas actuales de la compañía sean las adecuadas.
Para este objetivo, las empresas establecen ciclos de mejora continua. Se desarrollan a través de la preparación para la optimización, la planificación para su implementación y la ejecución de cada paso. "El CMM tiene mucha similitud a la norma ISO 9001, que especifica un sistema de calidad efectivo para las industrias de fabricación y servicios", sostiene Casafranca. "El ISO 9001 se ocupa específicamente del desarrollo y mantenimiento de software. Por su parte, el CMM se enfoca en la creación de un marco para la mejora continua del proceso de desarrollo software", agrega.
El modelo de madurez es la base para lograr la excelencia en los proyectos. Brinda a una organización un marco y un lenguaje común enfocados en la mejora continua, impulsando la satisfacción de los clientes, la innovación en los proyectos, entre otros beneficios.
Fuentes:
Entrevista con Fernando Casafranca, docente del área de Tecnologías de la Información de ESAN.
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