Enrique Louffat, profesor principal en los Programas en Administración del MBA, Maestrías Especializadas y de Educación Ejecutiva de ESAN, explicó que la glocalización permite a las empresas expandirse globalmente adaptándose a lo local, lo que fortalece su competitividad y cercanía con los consumidores, aunque también implica riesgos de mayores costos y coordinación.
La glocalización es un concepto que surge de la fusión entre los términos “globalización” y “localización”. Su origen se remonta a la década de 1980, vinculado a las prácticas comerciales japonesas conocidas como dochakuka, que pueden traducirse como “el que vive su propia tierra”. Asimismo, autores como Ulrich Beck y Roland Robertson son reconocidos como pioneros en el uso y difusión del término en el ámbito académico.
En esencia, la glocalización es un enfoque estratégico que permite a las empresas operar en mercados locales sin perder su identidad global. A diferencia de la globalización, que apuesta por la estandarización de productos o servicios a nivel mundial, la glocalización propone una adaptación inteligente a las particularidades culturales, sociales o regulatorias de cada entorno local.
Un claro ejemplo de este enfoque puede observarse en empresas globales como McDonald’s, que ofrece hamburguesas vegetarianas en la India, donde gran parte de la población no consume carne de res; o Spotify, que personaliza sus playlists según preferencias regionales, por lo que una lista en Brasil no necesariamente coincide con una en Canadá.
En el caso peruano, también se pueden encontrar ejemplos notables de glocalización. AJE Group, por ejemplo, adapta el sabor de bebidas como Big Cola o Sporade a los gustos y costumbres locales en cada mercado en el que opera. Por su parte, Credicorp, al brindar servicios financieros en países como Bolivia, debe adecuarse a las regulaciones específicas de ese país, sin perder su identidad como corporación regional.
La glocalización puede analizarse desde distintos ángulos, siendo dos de los más relevantes el económico y el cultural.
Desde una perspectiva económica, se entiende como la capacidad de una empresa para pensar globalmente y actuar localmente, es decir, adaptar sus productos y servicios a las necesidades particulares de cada mercado, sin perder su visión estratégica global.
Desde una perspectiva cultural, la glocalización admite dos vertientes: por un lado, quienes apuestan por integrarse a una cultura global, homogénea y compartida; por otro, quienes defienden que cada país o localidad debe preservar su historia, valores e identidad, evitando diluirse en un modelo global uniforme que podría imponer influencias ajenas a su realidad.
Desde el enfoque empresarial, la glocalización presenta una serie de características clave que se manifiestan en diferentes áreas:
La glocalización ofrece múltiples ventajas estratégicas para las organizaciones que buscan posicionarse en mercados globales sin perder su conexión con lo local. Entre los beneficios más destacados se encuentran:
Si bien la glocalización ofrece múltiples beneficios, también implica una serie de desafíos y riesgos que las empresas deben considerar cuidadosamente al expandirse internacionalmente. Entre los más relevantes se encuentran:
La internacionalización exige un planeamiento estratégico adaptado a cada país, así como la implementación de operaciones específicas en cada sede. Esto puede generar altos costos debido a la diversidad de realidades económicas, logísticas y administrativas en los distintos mercados.
Dependiendo del enfoque adoptado —ya sea una postura etnocéntrica (centrada en la matriz) o policéntrica (que otorga autonomía a las subsidiarias)— puede haber dificultades para mantener una cultura corporativa coherente y alineada en todas las sedes.
La falta de integración entre la matriz y las filiales puede derivar en descoordinación estructural, especialmente si se utilizan modelos organizacionales clásicos poco flexibles, en lugar de redes colaborativas o estructuras ágiles de gestión.
Cuando existen diferencias marcadas entre las decisiones, políticas o prácticas de la matriz y las subsidiarias, se corre el riesgo de proyectar una imagen empresarial inconsistente o contradictoria ante los diferentes públicos.
La legislación de cada país —o de los bloques económicos donde la empresa opera— puede representar un obstáculo significativo, al imponer normativas complejas en aspectos económicos, financieros, laborales, políticos o sociales que dificulten la operación eficiente y alineada.
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