
La inteligencia emocional es la capacidad de comprender y controlar las propias emociones, y de interpretar y manejar las emociones de las personas que nos rodean. Quienes tienen un alto grado de inteligencia emocional conocen bien sus sentimientos y emociones, y son conscientes de cómo sus reacciones pueden afectar a otras personas.
Para ejercer el liderazgo de una organización -o un equipo de trabajo- es un factor esencial poseer inteligencia emocional. Siempre tendrá más éxito un líder que en una situación de estrés sabe controlarse y dirigirse apropiadamente a sus colaboradores, que un jefe que pierde la compostura frente a su equipo.
Esto también es válido en el ámbito de la política. El terreno de acción del líder político va más allá de su propia organización pues se dirige principalmente hacia la opinión pública. El líder político debe saber comunicarse con sus electores, como también debe saber interpretar los sentimientos de estos para así elaborar mensajes adecuados.
Daniel Goleman, psicólogo norteamericano que contribuyó a popularizar la inteligencia emocional, señala que esta tiene cinco elementos principales:
La conciencia de sí mismo:
Si un líder es consciente de sí mismo y siempre sabe cómo se siente, sabrá cómo sus emociones y sus acciones pueden afectar a las personas que le rodean. El líder político que es consciente de sí mismo sabrá asumir su posición en la organización que lidera y en el escenario político en el que participa. Esto implica tener claridad de sus fortalezas y debilidades.
La autorregulación:
El líder político que se autorregula eficazmente no suele atacar verbalmente a sus adversarios, ni toma decisiones apresuradas o emocionales. La autorregulación ayuda a mantener el control y el líder que se autorregula suele admitir sus errores; e incluso en situaciones extremas de victoria o derrota, el líder sabe mostrar serenidad.
La motivación:
El líder político tiene como motivación el participar en política para contribuir al bien común. Esto lo impulsa a trabajar en forma persistente y constante. Esta motivación debe ser transmitida a sus colaboradores, tanto en tiempos de campaña electoral como cuando no hay elecciones a la vista.
La empatía:
Un liderazgo sin empatía es vacío. Los líderes con empatía son capaces de ponerse en el lugar de otra persona y saben escuchar las necesidades de la gente. La empatía es fundamental tanto para llegar a la propia militancia como para llegar a la opinión pública y lograr que esta haga suyos los mensajes y propuestas del líder.
Las habilidades sociales:
En el liderazgo político, el dominio de las habilidades sociales de la inteligencia emocional se traduce en la capacidad de comunicación. Un líder político debe ser un gran comunicador. Las habilidades sociales también tienen que ver con la capacidad resolver de conflictos y de gestionar el cambio.
Cuanta mayor capacidad tenga el líder para administrar cada uno de estos elementos, mayor será su inteligencia emocional. Un buen manejo de los cinco elementos de la inteligencia emocional permitirá construir una imagen positiva y sólida del líder político. Por el contrario, un líder que responde mal a las preguntas de los periodistas, o que reacciona desaforado ante una determinada circunstancia, verá su imagen deteriorada.
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FUENTE CONSULTADA:
Artículo 'La inteligencia emocional en el Liderazgo' del portal La Mente es Maravillosa.
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