
ESAN impulsa el Laboratorio Territorial de Lurigancho–Chosica, una iniciativa interinstitucional que fortalece la gobernanza colaborativa del riesgo, integra conocimiento técnico y social, mejora la inversión pública y promueve desarrollo sostenible. Un modelo innovador que articula actores, reduce vulnerabilidades y transforma la gestión del riesgo climático y de desastres en el Perú.
Por: Mary Mollo Medina. Profesora e investigadora de ESAN University. Secretaria Técnica de la Red de Universidades comprometidas con la Gestión Integral del Riesgo de Desastres y la Adaptación al Cambio Climático de Perú y LAC.
Lurigancho–Chosica es uno de los territorios más emblemáticos y, a la vez, más vulnerables del país frente a los riesgos de desastres y los impactos del cambio climático. La recurrencia de huaicos, lluvias intensas, deslizamientos y la presión sobre sus quebradas activas no solo afectan a la población local, sino que generan impactos sistémicos sobre Lima Metropolitana, la conectividad nacional y la seguridad hídrica del país. Frente a esta realidad, continuar con respuestas fragmentadas y predominantemente reactivas ya no es una opción.
En este contexto, el 16 de enero de 2026 se instaló formalmente el Laboratorio Territorial de Lurigancho–Chosica, una iniciativa interinstitucional que marca un punto de inflexión en la forma de abordar el riesgo, la planificación y la inversión pública en el territorio. Impulsado por la Municipalidad Distrital de Lurigancho–Chosica, la Universidad Nacional de Ingeniería, la Universidad Nacional Agraria La Molina y ESAN University, el laboratorio nace con una visión aprobada y compartida: convertir el conocimiento técnico, científico y social en decisiones concretas que reduzcan vulnerabilidades y generen desarrollo sostenible.
El laboratorio no es un proyecto temporal ni una mesa de diálogo más. Es un espacio permanente de gestión del conocimiento, articulación multiactor y experimentación aplicada, orientado a organizar la información por quebradas, integrar diagnósticos físicos, sociales y ambientales, y mejorar la calidad de la inversión pública y público-privada. Su enfoque reconoce que el riesgo es una construcción social y territorial, y que solo puede reducirse mediante coordinación, evidencia y acción conjunta.
Cada institución promotora cumple un rol claro y complementario. La municipalidad lidera desde el territorio, facilitando información, articulando actores locales y reconociendo al laboratorio como un espacio técnico de apoyo a la gestión municipal. La UNI aporta el análisis de amenazas, el modelamiento de riesgos y la evaluación científica de infraestructuras críticas. La UNALM integra la dimensión ambiental, la gestión de cuencas, el drenaje urbano y las soluciones basadas en la naturaleza. ESAN articula la gobernanza del laboratorio, la valoración y el análisis económico, social y ambiental, el repositorio territorial y el análisis de la coherencia económica y la sostenibilidad de las inversiones.
Pero la ambición del Laboratorio Territorial de Chosica va más allá de esta alianza inicial. Desde su concepción, se reconoce la participación estratégica de instituciones técnico-científicas y colegios profesionales como actores clave para garantizar legitimidad técnica y viabilidad práctica. Convoca al Colegio de Ingenieros del Perú, al Colegio de Arquitectos del Perú y al Colegio de Economistas, entre otros, que están llamados a aportar validación especializada, mirada profesional y análisis crítico de las decisiones de inversión, cerrando la brecha entre planificación, ejecución y resultados.
Asimismo, el laboratorio identifica actores del gobierno nacional como habilitadores estructurales del impacto. El Ministerio de Economía y Finanzas es fundamental para alinear los productos técnicos del laboratorio con el sistema de inversión pública, incorporar criterios de riesgo y resiliencia en los proyectos y promover carteras integradas que superen la lógica sectorial. La Autoridad Nacional del Agua es clave para asegurar una visión de cuenca del río Rímac, articulando gestión del riesgo, seguridad hídrica y aprovechamiento sostenible del recurso. El MINAM, el Ministerio de Vivienda, Construcción y Saneamiento y la ANIN deben encontrar en el laboratorio una plataforma concreta para coordinar intervenciones y maximizar resultados.
La cooperación internacional también ocupa un lugar central en esta apuesta. No solo como fuente de financiamiento, sino como socia estratégica para la innovación, la transferencia de conocimiento, el fortalecimiento de capacidades y la evaluación de impacto. El laboratorio ofrece una arquitectura institucional sólida que reduce la fragmentación tradicional de la cooperación y aumenta la probabilidad de sostenibilidad de las intervenciones.
Lo que distingue al Laboratorio Territorial de Lurigancho–Chosica es su esquema innovador de gobernanza colaborativa. No reemplaza competencias legales ni duplica funciones; las articula. Combina gobernanza técnica basada en evidencia, gobernanza institucional entre niveles de gobierno, gobernanza económica orientada a la calidad de la inversión y gobernanza social que reconoce el rol de la comunidad y la comunicación del riesgo.
Desde Chosica, el laboratorio busca demostrar que es posible pasar de la reacción a la prevención, de la fragmentación a la coordinación y del conocimiento disperso a decisiones informadas. Su vocación es clara: convertirse en un modelo replicable para otros territorios de alto riesgo del país, donde el desarrollo sostenible solo será posible si se gestiona el riesgo de manera colaborativa, anticipada y con visión de largo plazo.
El Laboratorio Territorial de Lurigancho–Chosica no es solo una iniciativa técnica. Es una invitación abierta a sumar voluntades, capacidades, recursos y compromiso para transformar el territorio y proteger la vida, la infraestructura y el futuro de la sostenibilidad. Es el espacio donde el conocimiento, la inversión y la acción pública convergen para transformar el territorio.